LAS FLORES DEL MAC




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LAS FLORES DEL MAC


SOBRE EL TITULO

Claramente remeda el de Baudelaire: Las flores del mal

¡Siempre con los jueguecitos de palabras, Mac!

Pues sí:

Las palabras, aparte de para esconder los sentimientos, también están hechas para jugar con ellas. En el jardín.

Y este es mi jardín, señores

(Y estas, mis flores)

Dyscurso previo


LAS FLORES DEL MAC
los sugerentes y mágicos poemas, los divertidos y/o profundos textos son obra de servidor de ustedes , un tipo cuya modestia no es que sea falsa, es que ni existe, ni está ni se la espera.

el resto del material pertenece a la Red y mantiene su copirrai , o como se diga.

Dylan sobrevuela siempre, la respuesta está en el viento y todos somos hijos de Dyos








miércoles, septiembre 07, 2011

7BELLAS7ARTES-2

7Bellas7Artes

2-Pintura

DE MUROS Y CIELOS

Fue la Casualidad, la más voluble de las diosas no censadas y sin papeles del Olimpo, la que permitió que Albert Topaint, un pintor de medio pelo del sur de Londres, apareciese aquella mañana por Lunch & Spirit. Había quedado un par de horas antes con su contratista de obras para cerrar una reforma en su modesta casa de las afueras, pero Jess Aydu, el medio hindú responsable de la cuadrilla de albañiles, o bien había olvidado la cita o, peor aún, había pasado olímpicamente de Albert y de su caballo. Al fin y al cabo Topaint aún no era una celebridad y aquel hindú de los cojones siempre había alardeado de tener muchos y mejores clientes.

“¡Que le dieran!”insinuó,como urgente deseo no transcrito en palabras, nuestro hombre, al tiempo que se rascaba la calva en donde solamente uno, débil,y demediado cabello aún recordaba que en tiempos atrás hubo en aquel brillante descampado una abundante melena. Esto,y en ningún caso juicio alguno sobre la calidad de su pintura , es lo que explica el hecho de que este humilde relator se haya referido a Albert como pintor de “ medio pelo” Nada más que la galopante alopecia, porque con respecto a la pintura ( y en general, a cualquier tipo de arte plástico) todo va en gustos, y para gustos los colores.

Colores que se iban y venían en el rostro de nuestro pintor cuando nada más traspasar la puerta del local con intención de aliviar el hambre , invicta conquistadora a aquella hora de sus tripas e incluso sus pensamientos, descubrió que, a pesar del rótulo de la entrada, aquello no era ningún bar ni restaurante alguno, sino, por todas las trazas, una galería de arte. Y de arte moderno, para más INRI. Buscar algún parecido entre los ¿cuadros? allí colgados y lo que él pintaba era pedirle peras al olmo. Y no parecía haber ningún olmo por allí, aunque tampoco eso fuera del todo descartable, porque, como todo el mundo sabe, en una galería de arte moderno te puedes encontrar cualquier cosa, natural o no, catalogada como obra maestra por algún listo con prestigio que ponga la firma, y lo que es peor, dos o tres diletantes tontos dispuestos a pagar centenares de miles de euros por algo que estan hartos de ver en el jardín de su casa.

De modo que, a resultas de la mezcla de los dos enfados que ya acumulaba en la mañana, Albert comenzó a mirar todo aquello con ojos furiosos e inquisitivos.
Y, estando en ello, una mujer que se le acerca.

-Observo, señor que mira usted todo esto con ojos furiosos e inquisitivos...¿podría decirme el por qué?

Topaint se volvió y miró a la mujer de arriba abajo, con una cierta rapidez y después más lentamente, de abajo arriba, deteniéndose esta vez en ciertas interesantes áreas de descanso de las que las que el cuerpo de la mujer sobradamente disponía.

-Cuando haya acabado el señor, me gustaría recoger mi ropa- dijo Hakua Rela la rumana propietaria del local. Y Albert sonrió
-Habrá observado, señora...
-Señorita...
-Señorita- continuó el pintor- que en el repaso que acabo de hacer de usted, mis ojos, sin dejar de ser inquisitivos, si que han perdido absolutamente su tinte de furia.
-Pues sí. Para pasar a una...como lo diría...libidinosidad que escandaliza- respondió la mujer, mirándole, por completar la simetría con ojos ( efectivamente,lector) furiosos.
-A mí es que el hambre me desata la libido- aclaró Topaint- Y yo sólo había entrado aquí con la intención de comer algo. ¿Equívoco el letrero, no?
-Pues no. ..Alimento para el espíritu, señor...¿qué otra cosa si no es el arte?
- Yo pensaba en comida y licores espirituosos...Y en cuanto al arte......desde luego el arte es otra cosa. No lo que aquí veo, excepcion hecha de usted, claro, señora...ita.
-¿No le gusta lo que ve?- encaróle brazos en jarras la mujer.
El volvió a sonreir mientras la miraba
-Me refiero a... todas esas piezas – en un amplio gesto de un brazo abarcar quiso Albert toda la exposición- no a esta- terminó aludiendo a la mujer con el otro.
- Empieza usted a ser insolente...¿A qué se dedica, amigo?
- Pues soy pintor- dijo él, un poco decepcionado con la galerista, pues cualquier mujer de ese oficio ha de reconocer a un pintor antes de que hable, más que nada por el brillo de sus ojos
- Eso ya Lo descubrí en sus ojos- continuó Hakua, volviendo a ganar puntos- Me refiero a qué coños pinta usted..
-Ay, coños...no! Pinto cielos... cielos sobre muros...Lo cual hace inviable que usted y yo señorita...¿cómo se llama?
- Hakua- Hakua Rela.
- .... hace imposible , señorita Hakua Rela que nunca podamos llegar usted y yo a a un acuerdo para exponer aquí mi obra. Por dos evidentes razones
-Me las diga.
-Una, porque yo pinto las cosas como son...o sea, que mis cielos parecen cielos y no esta bazofia que tiene usted ahí colgada
-¿Bazofia? En fin...¿y la segunda?
- Y dos que , como le dije, solo pinto sobre muros. Y no va a traer usted hasta aquí muro
-¿Por qué no? Si supiera usted la de cosas que pueden entrar en una galería de arte abstracto..
-Eso también, admitió Topaint. -pero seguro que no le gustan mis pinturas- añadió , volviéndola a mirar con abstracto deseo.
-Déjeme opinar a mí. Yo siempre estoy abierta...(¡Borre esa estúpida sonrisa de su cara!) a cualquier nueva experiencia...¿Dónde y cuando me la va a... enseñar?
( ¡he dicho que no sonría).Me refiero a su obra.
-Mañana mismo, si usted quiere, en mi casa de las afueras.
-¿Acaso tiene otra en Chelsea?
-No
-Entonces diga su casa. De acuerdo. ¿Tiene usted tarjeta?
-Pues claro...Visa, Mastercard...?
-No sea imbécil..
-Ya, ya, - dijo Topaint, alargando a la mujer una de sus tarjetas de visita- es que me gusta hacer chistes...
-Vaya, pues a ver cuando le escucho alguno...dijo ella con elegante desprecio...
Touché, dijo para si Albert...Aquella mujer le empezaba a gustar más incluso que pintar. O que hacer chistes.
-Mañana en su casa a las doce. ¿Le parece?
-Mmmm...miraré mi agenda
Sacó Topaint un voluminoso tomo y empezó a ojearlo.
-Si no hubiera reconocido las Obras Completas de Shakespeare diría que tiene usted una vida social muy intensa...
Entonces él inició el monólogo de Yorick y ambos acabaron a carcajadas.


Al día siguient Albert Topaint, nuestro pintor de medio pelo estaba, por que negarlo, nervioso. No había dormido mucho, a pesar de que despues de trabajar la noche anterior hasta altas horas en su última obra tendría que, por el cansancio más que nada, haber dormido como un bendito. Pero maldito insomnio, mezclado con pesadillas sobre la casualidad y los equívocos.
Y las doce
Y ella sin aparecer.
Finalmente sonó el timbre
-¡Ella!- exclamó con pasión y porque, ¿ a que negarlo también? se gustaba mucho cuando, así de pronto, y sin previo aviso, iba y exclamaba ¡Ella!
Cuando fue a abrir Hakua apareció acompañada de un señor
-Me he permitdo traer a Peláez
-¿Peláez? – exclamó él, ya gustándose menos.
-Si, mi asesor artístico
Pelaez saludó con esa corrección elegante de la que ningún Peláez que se precie carece.
-Ah claro...Encantado...Pasen entonces...pasen y vean...
Llevóles Topaint al jardín, en donde en sucesivos muros al efecto construidos por la cuadrilla del informal Jess Aydu, colgaban cortinas que una a una fue descorriendo, hasta un total de seis. Y se abrieron ante los ojos de aquellos dos expertos, como si de ventanas al infinito se tratase media docena de hermosos cielos,
bien nublados,
bien radientes,
bien amaneciendo,
bien oscureciendo,
bien con luna,
bien con sol...
-Bien, gracias...
dijo al final Peláez, con un aire de notario que no gustó mucho a Albert.
Tras de lo cual el asesor sentó en una mecedora que daba cara a todos los muros y empezó a escribir en una libreta mientras se mecía. Que para escribir no serán muy buenas las mecedoras, pero lo de mecer es que lo bordan

-No parece que le hayan gustado mucho mis seis cielos- musitó Topaint, quedo, al oído de Hakua,mientras paseaban entremuros.
-Ni a mí tampoco, la verdad...Esperaba algo más, es cierto...esperaba otra cosa de usted...
-Bueno, pues hasta la fecha sólo esos seis cielos son lo que hay...Bueno...y un último a falta de retocar, que acabé anoche...
-¿Hay otro más? ¿Dónde está?
-Abajo, en el sótano.
-¿Un muro en el sótano?
-Essex y yo somos así- informóTopaint.
-¿Puedo verlo?
-Pues claro...cuando Peláez quiera...
-Peláez ya lleva veinte minutos durmiendo...hace como que escribe observaciones y todo eso, pero en realidad lo que a él le va es ...sobar. (¡No sonría!) vamos..

Bajaron abajo, porque, en lo que se refiere a bajar, abajo siempre ha sido la mejor alternativa.
Una vez ante el sotanal muro Albert descorrió la tela. Los ojos de la mujer se iluminaron de agradecido asombro y antes de perder el habla sólo pudo decir
-Pero...esto no es un cielo
-Para mí si.
Hakua Rela, la galerista, permaneció diez minutos muda ante el mejor retrato de si misma que jamás hubiera visto. Y le habían hecho bastantes. Pero en aquel se la veía como una diosa, irreal, pero real, inalcanzable, pero cercana, perfecta, pero perfecta. Vamos, por usar una adjetivación culta : divina de la muerte.

Cuando consiguió hablar dijo
-Y sin posar yo como modelo... ha podido...?
-Lo que me gusta yo me lo llevo en la cabeza
-Contratado, entonces. Nos lo llevamos todo a Lunch
-¿Todo?¿Pero no habías dicho que los de arriba no te gustaban?-dijo Albert, sabiendo que esta vez ella no le iba a recriminar el tuteo
-Y me mantengo en ello. Aquellos no, pero este si...Y además, querido Albert...
¡Querido Albert! El demediado pelo se le erizó de gozo a nuestro pintor, mientra ella le cogía del brazo y remataba la frase
-..Albert querido...¿qué importancia pueden tener los gustos una mujer en el pasado si por fin encuentra a un hombre capaz de llevarla hasta el séptimo cielo?



2 comentarios:

Mari Carmen Azkona dijo...

Querido Ritman, gracias por este delicioso rato que me has hecho pasar. Reconozco que cuando espero que un hombre me lleve al séptimo cielo no es que me pinten un cuadro, pero todo es cuestión de percepciones...o de juegos de palabras y en eso, he de reconocer, que eres un genio.

Al final parece que tus personajes encontraron una manera de llegar a un acuerdo.

Besos y un fuerte abrazo por las sonrisas que me has arrancado ;-))

f g m dijo...

de nada, Atxia.

Te diría que tienes buen gusto, pero la verdad es que el gusto es mío, solo con saber que me lees

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