
cuadro undécimo
Algunas veces mis recuerdos sobre todo aquello son vagos- ¿y qué hay en ti que no lo sea? me diría ella si pudiera estar ahora a mi lado, que tal vez lo esté, que tal vez me escuche y tal vez me diga con ese finísimo oído y esa distante voz que tienen los muertos. Pero esta vez quiero decir vagos por imprecisos, aunque tambien pudiera ser que la imprecisión, cualquier imprecisión sea fruto de la desidia y el poco esfuerzo. Lo que pretendo decir, en resumidas cuentas es que, aún siendo vagos e imprecisos mis recuerdos sobre bastantes de las cosas de aquel tiempo,la memoria de aquella noche es sin embargo nítida y brillante.
No es que escalásemos las más altas cimas del sexo ni que, una vez conseguido eso accediéramos desde ellas en una grouchomarxista forma a las más absoluta de las pobrezas. Lo que, hazañas sexuales aparte y descubrimientos sobre el tema que jamás pensé me iba a contar una chica de dieciocho años recién cumplidos, tengo aún y siempre tendré clavado como una preciosa pero cruel daga en el corazón fue el constatar que dentro o detrás del amor animal , de los jadeos y de las caricias y de las vueltas a empezar en aquella interminable lucha, al final lo que yo tenía en mis brazos no era más que un lindo animal huyendo. Y buscando. Buscando experiencias nuevas, desde luego,pero huyendo sobre todo.
Y así se lo dije cuando la luna acabó de barrer con su fina y casi helada escoba blanca, hecha de rayos lechosos y atentos, nuestro agradecido cansancio.
-¿de qué huyes, Sara?
Se sentó en la cama y miró a todas partes menos a mis ojos. Así que yo envié también mis ojos a mirar a todas partes, hasta que se encontraron con los suyos.
-¿De que huyes, Sara?
La tenía cogida por los antebrazos,mientras bajo sus senos ondulaba el mar de fondo. Por un instante,al catar con mi dilatada experiencia aquel mirar, me pareció que además de la más bella era también la más antigua de las mujeres.
Pero de algún modo se sobrepuso y consiguió correr aquellas cortinas detrás de las que yo ,iluso,confundido, despistado viajero,me había atrevido a mirar
-¿Huír yo? ¿Estás de broma papasito?
Pues no. Papasito no estaba de broma, papasito podía ser un carca, un perfecto inútil en muchas cosas ( hay que buscar la perfección hasta en la inutilidad ) pero desde siempre se supo muy capaz para mirar dentro de las personas con las que en cierta manera intimaba. Y si aquello que estábamos haciendo todo el día- sin mencionar lo de la noche no era intimar, que viniera Dios y lo viera.
Pero Dios no vino, porque seguramente también ël debía estar vago o impreciso.No obsta ello, sin embargo,para que yo cometa el exceso de ponerle a Ël por testigo de aquella tremenda tristeza, de aquel miedo llano y nada sencillo que había en los ojos de Sara cuando ella creía que nadie los miraba. Pero yo soy el que mira cuando nadie lo hace.
-Temo que, aunque no lo digas, has venido hasta a mí buscando ayuda.
Se carcajeó con renovados bríos. Su carcajada salió a la calle y compitió con el todavía nocturno e ireflexivo canto de las cigarras.
-¿ayuda? –dijo- ¿qué problemas crees que pueda tener una hermosa joven de mi edad? He venido hasta ti porque me gusta tu forma de pensar, porque me interesas como escritor,me interesa la forma de trabajar de tu mente y esas fugaces pero resplandecientes visitas que de vez en cuando hace a ella tu alma.
Decididamente había recobrado su escudo, aquella desenfadada frescura que le protegía sobre todo de ella misma, pero también de los demás y sobre todo de ese algo desconocido para mi, pero incluso ya para mi terrible, de lo que huía, de lo que aquella noche a través de mi había huído. Y yo sabía que durante el resto de la noche iba a ser ya imposible volver a aquel punto en el que la tuve a un dedo de contármelo. Así que, decidiendo esperar a mejor ocasión coloqué mi ánimo al mismo nivel que el suyo me ofrecía y decidí bromear tambien.
-¿mi mente y mi alma? ¿Y que hay que decir de mi cuerpo? ¿Qué te parece mi cuerpo del que has disfrutado esta noche? ¿No sientes interés por mi cuerpo?
-¿Aparte del puramente geriátrico?-contestó con otra carcajada ya definitiva y demoledora, que levantó en las envidosas cigarras propositos de enmienda y deseos de ser hormigas de mayores.
Algunas veces mis recuerdos sobre todo aquello son vagos- ¿y qué hay en ti que no lo sea? me diría ella si pudiera estar ahora a mi lado, que tal vez lo esté, que tal vez me escuche y tal vez me diga con ese finísimo oído y esa distante voz que tienen los muertos. Pero esta vez quiero decir vagos por imprecisos, aunque tambien pudiera ser que la imprecisión, cualquier imprecisión sea fruto de la desidia y el poco esfuerzo. Lo que pretendo decir, en resumidas cuentas es que, aún siendo vagos e imprecisos mis recuerdos sobre bastantes de las cosas de aquel tiempo,la memoria de aquella noche es sin embargo nítida y brillante.
No es que escalásemos las más altas cimas del sexo ni que, una vez conseguido eso accediéramos desde ellas en una grouchomarxista forma a las más absoluta de las pobrezas. Lo que, hazañas sexuales aparte y descubrimientos sobre el tema que jamás pensé me iba a contar una chica de dieciocho años recién cumplidos, tengo aún y siempre tendré clavado como una preciosa pero cruel daga en el corazón fue el constatar que dentro o detrás del amor animal , de los jadeos y de las caricias y de las vueltas a empezar en aquella interminable lucha, al final lo que yo tenía en mis brazos no era más que un lindo animal huyendo. Y buscando. Buscando experiencias nuevas, desde luego,pero huyendo sobre todo.
Y así se lo dije cuando la luna acabó de barrer con su fina y casi helada escoba blanca, hecha de rayos lechosos y atentos, nuestro agradecido cansancio.
-¿de qué huyes, Sara?
Se sentó en la cama y miró a todas partes menos a mis ojos. Así que yo envié también mis ojos a mirar a todas partes, hasta que se encontraron con los suyos.
-¿De que huyes, Sara?
La tenía cogida por los antebrazos,mientras bajo sus senos ondulaba el mar de fondo. Por un instante,al catar con mi dilatada experiencia aquel mirar, me pareció que además de la más bella era también la más antigua de las mujeres.
Pero de algún modo se sobrepuso y consiguió correr aquellas cortinas detrás de las que yo ,iluso,confundido, despistado viajero,me había atrevido a mirar
-¿Huír yo? ¿Estás de broma papasito?
Pues no. Papasito no estaba de broma, papasito podía ser un carca, un perfecto inútil en muchas cosas ( hay que buscar la perfección hasta en la inutilidad ) pero desde siempre se supo muy capaz para mirar dentro de las personas con las que en cierta manera intimaba. Y si aquello que estábamos haciendo todo el día- sin mencionar lo de la noche no era intimar, que viniera Dios y lo viera.
Pero Dios no vino, porque seguramente también ël debía estar vago o impreciso.No obsta ello, sin embargo,para que yo cometa el exceso de ponerle a Ël por testigo de aquella tremenda tristeza, de aquel miedo llano y nada sencillo que había en los ojos de Sara cuando ella creía que nadie los miraba. Pero yo soy el que mira cuando nadie lo hace.
-Temo que, aunque no lo digas, has venido hasta a mí buscando ayuda.
Se carcajeó con renovados bríos. Su carcajada salió a la calle y compitió con el todavía nocturno e ireflexivo canto de las cigarras.
-¿ayuda? –dijo- ¿qué problemas crees que pueda tener una hermosa joven de mi edad? He venido hasta ti porque me gusta tu forma de pensar, porque me interesas como escritor,me interesa la forma de trabajar de tu mente y esas fugaces pero resplandecientes visitas que de vez en cuando hace a ella tu alma.
Decididamente había recobrado su escudo, aquella desenfadada frescura que le protegía sobre todo de ella misma, pero también de los demás y sobre todo de ese algo desconocido para mi, pero incluso ya para mi terrible, de lo que huía, de lo que aquella noche a través de mi había huído. Y yo sabía que durante el resto de la noche iba a ser ya imposible volver a aquel punto en el que la tuve a un dedo de contármelo. Así que, decidiendo esperar a mejor ocasión coloqué mi ánimo al mismo nivel que el suyo me ofrecía y decidí bromear tambien.
-¿mi mente y mi alma? ¿Y que hay que decir de mi cuerpo? ¿Qué te parece mi cuerpo del que has disfrutado esta noche? ¿No sientes interés por mi cuerpo?
-¿Aparte del puramente geriátrico?-contestó con otra carcajada ya definitiva y demoledora, que levantó en las envidosas cigarras propositos de enmienda y deseos de ser hormigas de mayores.
Y en mi, por supuesto, la mayor de las indignaciones...
-¿Cómo que geriátrico?¡La madre que te parió, niña.
Y entonces fue cuando sus ojos se volvieron a poner tristes.
-¿Cómo que geriátrico?¡La madre que te parió, niña.
Y entonces fue cuando sus ojos se volvieron a poner tristes.

2 comentarios:
Tú y tus lolitas...
y mis espumitas
pero no soy yo
it ain´t me, babe
todo es ficción
incluso la realidad
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