
Rainy Day Women-23
Rainy Day Women-23
C
Conocí a C en el arcén de una autovía. Yo había pisado con mi coche una raya continua (nada importante, sin borrarla siquiera) y un guardia de tráfico que andaba como Clint Eastwood con salmonella, tras hacerme aparcar se acercó hacia mi con calculada lentitud.”¿Ha visto usted lo que ha hecho? “ Yo dije la verdad esta vez “Pues lo mismo que los dos de delante” “Sí, pero a esos les di paso yo, para pararle a usted” Iba a protestar o por lo menos a pedir explicaciones del por qué me cabía a mi tal honor, cuando una guardia de tráfico que andaba como Sharon Stone recién vestida vino hacia nosotros, me miró a los ojos y ordenó a su compañero.”Déjale, por esta vez” Era C. “Gracias” intenté decirle, pero me encontré con un funcional “circule, circule” Y yo circulé, porque soy bien mandado y pensé ( porque soy mal pensado) que en el brillo de sus ojos había un poco más que la simple clemencia de un momento. Días más tarde, justo en la acera de enfrente del Effenbar me puso una multa por aparcamiento en doble fila, y ello terminó de sellar una amistad eterna,planta que periódicamente regamos con alguna comida , a la que ella acude siempre de uniforme. “Debería venir usted más-le dice Steady- porque lo bien que conduce y aparca la gente en esta calle en estas dos horas es de cine “ Es verdad. Seguramente porque la moto en la puerta impone, pero el caso es que la gente maneja el código de circulación de película, de manera tal que a veces hasta Bronte y Steady acercan sillas a la ventana para sentarse a contemplar el curioso y antinatural espectáculo que siempre supone el cumplimiento exacto de la ley. “No me llames de usted” dice C, pero Steady nunca se anima, porque la verdad es que el uniforme impone. Sobre todo a mi, que al tenerla enfrente, siempre tengo la sensación de que aquella fuera como la última comida de un condenado a muerte. De hecho de vez< en cuando me miro las manos maravillado de no llevar esposas. Ella sonríe cuando le gasto esa broma, pero en el fondo, como toda broma, tiene su fondo serio. y ese fondo es que los hombres, los machos, e incluso Steady y yo, nos sentimos un bastante cohibidos ante una mujer uniformada. No asimilamos que ellas se vistan de autoridad y la conjunción de esos dos miedos ancestrales, a la hembra y al poder, nos produce cierta inquietud nerviosa. Brönte, sin embargo, está de lo más suelta siempre en su presencia.Yo hasta creo que la profesión frustrada y soñada de mi camarera es esa, la de guardia de cualquier tipo. En verdad Brönte está hecha para llevar un uniforme de más rango que ese sucio delantal, aunque si trabajara de parte de la ley, por las caras que a veces pone yo más que en tráfico me la imagino en homicidios. De todas formas, cavilo mientras el resto de los comensales me miran como se mira a un preso al que temporalmente se le permitiera alimentarse, que estas mujeres al mando, con un caballo de acero entre las piernas son las nuevas amazonas. Y no quiero seguir, porque acabaré deduciendo cual es nuestro lugar, el de los pobres zánganos como Steady y yo, en un mundo donde reinen ellas.De modo que, por cambiar el hilo de mi meditación, le dijo a C que a ver si me espera una mañana muy temprano, cuando cojo el coche para salir a trabajar, para que pueda comprobar con sus acerados y bellos ojos como indefectiblemente, salga yo a la hora que salga, siempre sueltan un tonto delante de mi, que conduce fatal, se demora en los semáforos, duda en los cruces, pone tarde los intermitentes y todo eso...Ella se acaricia la cara , como haría Clint Eastwood si tuviera menos arrugas y ya sin salmonella, me guiña uno de sus preciosos ojos y me dice. “Yo lo haría, cariño...pero únicamente descubriría que tú tambien eres el tonto del que te va detrás” Y es que hay que ver como nos dan siempre en las narices todas estas JASL (jóvenes Aunque Suficientemente Liberadas), y en que pocas palabras resumen su opinión sobre nosotros. Por muy listos, inteligentes y hasta geniales que nos creamos, al final solo somos, para ellas, con nuestros mitos, nuestros ritos y nuestros pitos, poco más que un tonto detrás de otro. Una hilera de tontos a los que es preciso controlar, vigilar, sancionar...e incluso alguna vez perdonar. Será por eso que siempre me pasa lo mismo durante uno o dos días despues de comer con C: en los ojos de cada mujer que me mira, más que interés, sorpresa o tal vez amor, sólo puedo leer un continuo y repetido:”¡Circule! ¡Circule!
fgm
Rainy Day Women-23
C
Conocí a C en el arcén de una autovía. Yo había pisado con mi coche una raya continua (nada importante, sin borrarla siquiera) y un guardia de tráfico que andaba como Clint Eastwood con salmonella, tras hacerme aparcar se acercó hacia mi con calculada lentitud.”¿Ha visto usted lo que ha hecho? “ Yo dije la verdad esta vez “Pues lo mismo que los dos de delante” “Sí, pero a esos les di paso yo, para pararle a usted” Iba a protestar o por lo menos a pedir explicaciones del por qué me cabía a mi tal honor, cuando una guardia de tráfico que andaba como Sharon Stone recién vestida vino hacia nosotros, me miró a los ojos y ordenó a su compañero.”Déjale, por esta vez” Era C. “Gracias” intenté decirle, pero me encontré con un funcional “circule, circule” Y yo circulé, porque soy bien mandado y pensé ( porque soy mal pensado) que en el brillo de sus ojos había un poco más que la simple clemencia de un momento. Días más tarde, justo en la acera de enfrente del Effenbar me puso una multa por aparcamiento en doble fila, y ello terminó de sellar una amistad eterna,planta que periódicamente regamos con alguna comida , a la que ella acude siempre de uniforme. “Debería venir usted más-le dice Steady- porque lo bien que conduce y aparca la gente en esta calle en estas dos horas es de cine “ Es verdad. Seguramente porque la moto en la puerta impone, pero el caso es que la gente maneja el código de circulación de película, de manera tal que a veces hasta Bronte y Steady acercan sillas a la ventana para sentarse a contemplar el curioso y antinatural espectáculo que siempre supone el cumplimiento exacto de la ley. “No me llames de usted” dice C, pero Steady nunca se anima, porque la verdad es que el uniforme impone. Sobre todo a mi, que al tenerla enfrente, siempre tengo la sensación de que aquella fuera como la última comida de un condenado a muerte. De hecho de vez< en cuando me miro las manos maravillado de no llevar esposas. Ella sonríe cuando le gasto esa broma, pero en el fondo, como toda broma, tiene su fondo serio. y ese fondo es que los hombres, los machos, e incluso Steady y yo, nos sentimos un bastante cohibidos ante una mujer uniformada. No asimilamos que ellas se vistan de autoridad y la conjunción de esos dos miedos ancestrales, a la hembra y al poder, nos produce cierta inquietud nerviosa. Brönte, sin embargo, está de lo más suelta siempre en su presencia.Yo hasta creo que la profesión frustrada y soñada de mi camarera es esa, la de guardia de cualquier tipo. En verdad Brönte está hecha para llevar un uniforme de más rango que ese sucio delantal, aunque si trabajara de parte de la ley, por las caras que a veces pone yo más que en tráfico me la imagino en homicidios. De todas formas, cavilo mientras el resto de los comensales me miran como se mira a un preso al que temporalmente se le permitiera alimentarse, que estas mujeres al mando, con un caballo de acero entre las piernas son las nuevas amazonas. Y no quiero seguir, porque acabaré deduciendo cual es nuestro lugar, el de los pobres zánganos como Steady y yo, en un mundo donde reinen ellas.De modo que, por cambiar el hilo de mi meditación, le dijo a C que a ver si me espera una mañana muy temprano, cuando cojo el coche para salir a trabajar, para que pueda comprobar con sus acerados y bellos ojos como indefectiblemente, salga yo a la hora que salga, siempre sueltan un tonto delante de mi, que conduce fatal, se demora en los semáforos, duda en los cruces, pone tarde los intermitentes y todo eso...Ella se acaricia la cara , como haría Clint Eastwood si tuviera menos arrugas y ya sin salmonella, me guiña uno de sus preciosos ojos y me dice. “Yo lo haría, cariño...pero únicamente descubriría que tú tambien eres el tonto del que te va detrás” Y es que hay que ver como nos dan siempre en las narices todas estas JASL (jóvenes Aunque Suficientemente Liberadas), y en que pocas palabras resumen su opinión sobre nosotros. Por muy listos, inteligentes y hasta geniales que nos creamos, al final solo somos, para ellas, con nuestros mitos, nuestros ritos y nuestros pitos, poco más que un tonto detrás de otro. Una hilera de tontos a los que es preciso controlar, vigilar, sancionar...e incluso alguna vez perdonar. Será por eso que siempre me pasa lo mismo durante uno o dos días despues de comer con C: en los ojos de cada mujer que me mira, más que interés, sorpresa o tal vez amor, sólo puedo leer un continuo y repetido:”¡Circule! ¡Circule!
fgm

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