
Lo malo ( o lo bueno) de los genios es que casi nunca nos casamos, o emparejamos o cohabitamos con genias ( valga el palabro). Al contrario, quizá por andar siempre con la mente en las nubes, nos acaban gustando las mujeres que la tienen en la tierra. De tanto caminar por el cielo preferimos recostar nuestro hombre en alguien que se preocupe por el suelo.
Y Hella se preocupa por el suelo. Vaya si se preocupa. Lo friega y lo pule no menos de tres veces al día, lo cual resultará muy higiénico pero bastante incómodo para alguien como yo, reputado físico, preocupado más por las musarañas del pensamiento abstracto que por ver si donde piso aun permanece la prístina humedad y ese brillo en el cual si me mirara podría contemplar como en un espejo mi desaliño. Pero como a mi no me preocupan los desaliños, no miro donde piso y en seguida la tenemos
-¡Joer, Arqui...acabo de fregar por ahí!
-Perdona, Hella...perdona
Y me voy para otro lado, que, curiosamente está en la misma situación intocable...Y otra vez el grito
-¡Coño, Arqui...písame ahí también!
El resultado de la película es que yo, un físico consagrado, tengo que volver de los siderales espacios y concentrarme en encontrar, en el suelo de mi casa, los pocos lugares que ya están secos. Por poco tiempo, porque pronto volverá a tocarles. Pongo en ellos la temerosa puntera y así avanzo de un lado a otro, con el corazón en un puño y un movimiento de sílfide que no me pega para nada. De este modo el mundo contempla el espectáculo de un fiísico de leyenda atravesando las estancias como una primadonna del ballet. Espero que ninguno de mis colegas llegue nunca a verlo.
Con todo y con eso siempre lo hago mal, y, por no andar en metáforas, acabo metiendo la pata. Ella (Hella) se ha cansado de mi poco cuidado y nuestra relación empieza a tambalearse. Todos, incluso los genios, sabemos que lo que de verdad hunde la convivencia es la insoportabilidad ( vuelvan a disculpar el palabro ) de las pequeñas cosas del otro. Cada vez nos hablamos menos, porque, además, soy un descuidado en el baño. Y ya se imaginaran que una mujer a la que le gusta tener los suelos como a ella (Hella), cómo no querrá tener los baños. Y yo, inmerso en mis teorías y mis hipótesis, pues me voy dejando pelos y salpicando fuera de tiesto, como el más mortal de los inmortales. Como no me corrija lo nuestro no va a durar mucho.
De hecho acabamos de tener una enganchada y Hella se ha ido a casa de su madre. Estoy preocupado,me siento culpable, me duele la cabeza...me voy a dar un baño. Mientras el agua cae en la bañera me hago el firme propósito de cambiar. No quiero perderla. Apelo a mi fuerza de voluntad y con esa apelación en estudio me meto en el agua. ¡Cielos! He llenado demasiado la bañera y buena parte del agua cae al limpio suelo y lo guarrea cantidad, empapando las zapatillas y la bata y unos calzoncillos que no me gustaría exhibir en ningún foro público. De hecho nadan en el líquido elemento cuando ella vuelve ¿no se había ido Y abre la puerta del baño.
Su tez se demuda ante el espectáculo. En sus ojos hay, por encima de las brasas del odio, una llamita que exige explicaciones. ¿Y qué le digo yo ahora?
-Cariño...¿has considerado alguna vez que todo fluido sumergido en un líquido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso del volumen de líquido que desaloja?
Esto no incluye a los calzoncillos, pero, milagrosamente, ella se calla. Y lo piensa,. Y sonríe. Porque me ama. Porque sabe que acaba de enumerar uno de los principios fundamentales de la física. Porque no ignora que las grandes ideas te pueden venir incluso cagando.
-Mira que eres, Arqui- dice- y se va, riendo.
-Por esta vez te has escapado Arquímedes. Por esta vez sigues a flote. Pero no tientes a tu suerte amigo- le digo a mi intimidad sapientísima- ten más cuidado cuando realmente creas que estás solo. Porque lo mismo te pudo haber pasado hace tres días, cuando estabas ,también la bañera, con la mujer de Pitágoras. Y si en esa ocasión Hella ( ella) te pilla no te iban a valer principios físicos ni excusas de ningun tipo.
Y, desde luego, el empuje que tu cuerpo iba a experimentar sin duda sería vertical y hacia abajo.




