Asunción Moreno no se entretenía echando narcóticos en las bebidas. Los licores con narcótico se los servían ya embotellados. A ver....Ella tenía un nivel y ciertos contactos con las bodegas y no se iba a ensuciar los dedos con polvos.Aquel elixir que tanto le facilitaba sus escenas de pasión y amor lésbico le era convenientemente servido en cajas hábilmente disuelto en preciosas botellas de medio litro de vodka.
En aquel preciso instante tenía una de ellas entre las manos y miraba con calma y sosiego, no exenta de una cierta malicia, el reloj de porcelana china sobre cuya esfera se destacaba una especie de fauno azul muy bien logrado. Las agujas marcaban las 17 h 45 m. “Un poco antes de las seis pasaré” le había dicho Lucía.
Lucía, aquel compendio de clase y sexualidad que tenía como cliente, aquella mujer que tanto le atraía, no ya en el plano sexual que, evidentemente, así era) como en el artístico. De tanto andar entre piezas de museo, antigüedades perfectas, arte en todas sus dimensiones, había aprendido, tal vez por deformación profesional, a apreciar el arte cuando caminaba.Y Lucía era arte, aunque por aquellos días un arte más bien triste.Pero atrayente aún más si cabe, con esa atracción que tiene para con nosotros lo melancólico.
Finalmente había conseguido aquel joyero que Lucía le encargó. y finalmente se había decidido a echar su cuarto a espadas, a tratar de seducirla, a llevarse a la cama a aquella maravilla de mujer. Una cosa era la lujuria, el puro hambre que le hacía sentir Julita y sus nalgas insinuantes y otra el placer estético, no exento de ansias también, que le provocaba Lucía. La diferencia que pueda haber entre un bistec y una delicatessen de gourmet..
Y aquella tarde Asunción Moreno quería comer bien. Si no con un buen vino, al menos con un excelente vodka narcotizado.
Sonó el timbre de portería
-Soy Lucía.
-Hola.Te abro.
Asunción se compuso la bata; o mejor cabría decir que se la descompuso, dejando bastante a la vista sus agresivos senos y no recatando sus elegantes y largas piernas.
abertura en donde se insinuaba el abismo de la entrepierna. Atractivo abismo, a lo que parecía.
Sonrió
- Bueno. Ya estoy aquí
Se encontraba un poco confusa. No era que la situación la superara pero, desde luego, siempre había pensado obtener aquel joyero que tanto anhelaba en la misma tienda, como los demás objetos. Nunca en la propia casa de Asunción a quien bien poco conocía. Apenas las cuatro o cinco corteses frases de rigor.
Asunción Moreno pasaba poco por su negocio .Lo consideraba suficiente y expertamente atendido por la rotuna eficacia de Julita. Y , por aquellos tiempos, ella atravesaba una especie de leve cansancio existencial ( ese es el verdadero nombre de la astenia primaveral, solía decirse para si), y prefería quedarse en casa, meditando o tal vez soñando. Siempre fresca y perfumada. Siempre utilizando como única prenda sobre su cuerpo de mujer que contenía un hombre una de las hermosas y carísimas batas de su abundante colección. La de aquella tarde era de un fucsia arrebatador y , ni su color ni su descoco cotribuían a aumentar el exiguo porcentaje de tranquilidad diseminado por el apetecible cuerpo de Lucía.
Apetecible, desde luego. Asunción la veía moverse con indecisión y deslizaba la lengua por el paladar con delectación creciente. Después la utilizó para decir unas amables palabras.
-Siéntate, Lucía.¿Quieres tomar algo?
-Pues sí. ¿Que me sugieres? –dijo Lucía, cruzando las piernas sobre uno de los dos coquetos silloncitos fucsia.
-Te voy a dar un poco de esto
Mostró una preciosa llena de un liquido brillante, incoloro y transparente
-¿Qué es?
-Vodka con agua de Vichy
-¿Ya mezclados?
-Sí. Me los prepara una embotelladora de confianza. No se como lo hacen, pero se mantiene todo el rato en su punto
Asunción sirvió los dos vasos y dejando uno en manos de Lucía se sentó con el suyo frente a ella. En el otro silloncito fucsia.
-Te preguntarás por mi interés en entregarte el joyero personalmente. En casa…
-La verdad es que así es- admitió Lucía
-Nada tiene que ver con la pieza. En realidad tenía ganas de conocerte un poco mejor, Lucía
La miró directamente a los ojos , con un latente guiño cómplice en los suyos, y una provocadora apertura en los labios, suavemente satinados de fucsia.
“Lo tiene todo en fucsia, la hija de la gran…fucsia “ pensó Lucía.
Otra cosa fue lo que dijo
-¿Sí? ¿y eso?
-Me precio de conocer , persona a persona, a todas mis clientes vips. Y tú serías vip en cualquier parte.
Nuevamente los labios y el guiño. Lucía empezaba a marearse un poco. No por los gestos, sino por…
-Fíjate Asunción que parece que…la bebida esta …¿cómo se llama?
Asunción dio vuelta a la botella y le mostró el etiquetado
-Vichoff. Así la llaman
-Pues el Vichoff no me está sentando muy bien
-Tonterías. Eso es que la has probado poco. Cuando tomes más verás como te encanta
-No, si buena, está. Pero se sube muy pronto a la cabeza. ¿Y cómo es eso de que querías conocerme?
-Soy partidaria de que las mujeres con una cierta clase intimemos-explicó Asunción- mientras notaba como el selectivo narcótico iba haciendo su trabajo – Tú la tienes y yo pienso que, modestamente, también. Me gustaría conocer de primera mano tus gustos, tanto en arte y cultura como en la vida en general. Me precio de que mis mejores clientes acaban siendo también mis mejores amigas.¡¿Qué te ocurre, Lucía?!
Lucía había descruzado las piernas sin recato de ningún tipo. No es que tuviera ninguna intención, sino que se encontraba fatal y bajaba amarras en bastantes de sus mecanismos de control.
-Chica…te entiendo, te entiendo Pero es que, perdona, no me encuentro muy bien.¿Tendrás una aspirina?
“Una aspirina…” pensó Asunción. Claro que la tenía. Pero para poco iba a servir. Conocía muy bien los efectos de aquel narcoafrodisíaco : comenzaba con dolor de cabeza, seguía con deslocalización y finalmente provocaba una irresistible subida de la líbido. Ella ya estaba acostumbrada a él y apenas notaba los dos primeros síntomas. En cuanto a su líbido, no era mujer (envolviendo a un hombre) que necesitara de ayudas para elevarla.
Pero Lucía si que lo estaba notando. Fue a por la aspirina, esperó a que se amortiguara la efervescencia y tendió a Lucía l artística copa de cristal fucsia
-Creo que con esto me sentiré un poco mejor, gracias
-Hija, Lucía, cuanto lo siento…
Claro que se iba a sentir mejor. Pero no por la aspirina. El dolor de cabeza cesaba pasados tres minutos; un poco más tarde cedía la inestabilidad, pero con más lentitud. Después vendría…
-Me estoy recuperando, Asunción. Perdona que esté dando la nota
-No importa, Lucía
-Mira en lo que va quedando aquello que tú llamaste una mujer con clase
Asunción la miró, inocente, desprotegida, insinuando cuando no mostrando directamente muchos de sus encantos. Si Asun hubiera sido el hombre que su cuerpo de mujer escondía no habría podido evitar el crecimiento de la imparable dureza. Siendo lo que era se limitó a asistir auna de las ya muchas representaciones que la humedad hacía en su escenario interinguinal.
-Tú tendrías clase hasta anestesiada. ¿no te lo dicen los hombres?
Lucía se encontró de pronto inconmesurablemente bien. Mejor que nunca. Vaya con el Vichoff. O con la aspirina. Uno de los dos le había dejado un cuerpo la Mar de flamenco, en el interior del cual empezaba a bullir la lava desde un hasta la fecha indetectado volcán
-¿Hombres? ¿Quién necesita hombres?- dijo en un tono de voz que a ella misma le pareció insinuante. Y , al levantar los ojos, encontrá a Asunción increíblemente hermosa y deseable. La buena mujer ( u hombre insertado in ) también, en la confianza se había abierto un poco más la bata y sobre sus muslos impartía tesis doctorales la lujuria.
¿Qué era aquello? ¿Qué le pasaba?
Lucía se levantó, impelida por una fuerza que no era suya, mezcla de protesta y apremiante necesidad
-Perdona, Asun. Aunque ya estoy muchísimo mejor…¿me permitirás usar tu baño?
-Faltaría más, Lucía
Señaló una puerta fucsia, con un largo y elegante dedo rematado en una larga y esmaltada uña
Color fucsia
-Vuelvo en seguida.
Lucía fue hacia allí, y casi no llega. Cuando cerró la puerta sin echar el seguro tomó y expulsó el aire varias veces. No gritó porque efectivamente era una mujer con clase, pero podría jurar por el primer santo que a tiro se pusiera que aquello que acababa de tener era un orgasmo ambulante. Por la pata abajo, para ser gráficos.
Dios suyo, como le hervía la sangre. Estaba fuera de si. Pero se volvió a meter dentro para razonar, para no admitir que aquella manifa hormonal pudiera deberse a la presencia y contemplación de Asun. Ella era una heterosexual indudable.¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué aquel ardor que le subía y bajaba de un cuello a otro?
Su mirada se detuvo en el bullicios jacuzzi, a toda marcha y, ni corta ni perezosa, se desprendió de toda vestidura terrena y se introdujo en él, buscando aplacar, tal vez ahogar, a sus lúbricos demonios interiores.
Asunción esperaba fuera, con una sonrisa ejerciendo de croissant en el desayuno de su lujuria. Cuando saliera Lucía estaría lista para ser abordada, atacada, poseída…Para hacerle descubrir de una vez por todas lo que de verdad era un hombre, ese hombre alicatado de mujer hasta el techo que atendía por Asunción Moreno y que ra más hombre, seguro, que todos los que ella hubiera conocido.
Pero..¿Por qué tardaba tanto en salir? A ver si después de todo la había jodido con el Vichooff y la dosis resultó excesiva.
Fue hacia el baño y abrió la puerta. Encontró a Lucía en el jacuzzi , mirándola con ojos extasiados
-Me he tomado la libertad de…¿No te importa?
Hablaba con una voz increíblemente melosa.La miel sobre la tostada del lúbrico desayuno
-En absoluto-dijo Asunción dejando caer al suelo su bata.-Hazme sitio.
Lucía la vió venir hacia ella, los agresivos pechos cortando el aire. Y encontró aquello armónico, justo y necesario. La visión de aquel pubis artísticamente rasurado en donde el vello formaba una zeta se le reveló sumamente placentera. De modo que cuando Asunción entró, Lucía no solamente le hizo sitio sino que se estiró todo lo que pudo y se sumergió al tiempo dejando únicamente fuera del agua y sometidos al alegre oleaje de las burbujas los dos enhiestos islotes de sus pezones y un poco más allá la solitaria isla desierta de su pubis en donde el vello recogía , amable y vegetal, la espuma. Sin que mediara palabra, Asunción fue nadando con sus labios hasta los dos islotes de los que tomó posesión con suaves bocaditos para luego extender sobre ellos, como una bandera, su experta lengua imperial. Lucía aulló de placer olvidada por un instante de su clase y, para su sorpresa, nada sorprendida por ello. Por el contrario, cuando Asun hizo lo que ella estaba pidiendo , literal y desbocadamente, a gritos; cuando la dueña de la tienda de antigüedades abandonó los islotes y fue nadando con los labios, plas, plas uno detrás del otro hasta la desierta y vegetal isla púbica y la mordió con el interés voraz y nada científico del conquistador Lucía acabó por descubrir que las mujeres de su edad aún eran susceptibles de ser conducidas a vías radiales en donde la acumulación de orgasmos produjera embotellamientos. Sería el calor, la aspirina, el Vichoff, Asun o el jacuzzi, pero a Lucía, en aquellos momentos, le estaba volviendo a la mente la multiorgasmidad, olvidada ya medio siglo, que siempre tuvo con Paco Mercado, al que ella llamaba Fran a pesar de sus intentos en que le llamara Paco Mer. El la llevaba periódicamente por aquellas calles estrechas en donde los orgasmos colisionaban entre si, en sus prisas por llegar a tiempo al culmen, al climax total que Fran tan bien dominaba, a la definitiva y brutal sintonía con la pareja.
La pareja que en aquella ocasión era Asunción Moreno se había portado como el hombre que era, aguantando lo suyo, excitándola y excitándose, llevándola y llevándose hasta la final síntesis, la explosión, la supernova de conjunción que sucedió al tiempo, llenando el aire y el agua del Mar de las Burbujas y deflactándose en un cúmulo de voces, dos de pecho,altos y bajos que no desmerecía en absoluto a cualquier ensayo de la coral vallisoletana.
Si la hubiera.
Después, cuando los suspiros aterrizaban como pétalos de Mayo, Asunción miraba a a Lucía con orgullo y esta le devolvía unos ojos de resignada incredulidad fue cuando el timbre del teléfono, cortando la cinta del deseo, inauguró la realidad
-Voy a ver quien es, no sea…
Asunción Moreno salió chorreando, hasta una mesita (fucsia) y se echó a la oreja un coqueto aparatito decorado en mármol con vetas de inexplicablemente la misma color
-¿Sí?
Era Angela
-¡¿¿Qué??
-Han matado a Arturo- repitió la galerista.
fgm
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La Noria fue una especie de inconclusa novela circular que intentamos en es.humanidades.literatura, y en la que el menda perpetró algunos capítulos